Lo de compartir la presidencia del Cabildo con la Virgen de Candelaria no ha sido fácil. Esta pasada semana han surgido críticas -algunas acerbas- a la decisión de nombrar a nuestra patrona de Canarias para ese cargo honorífico y perpetuo. Porque en las Islas no sólo tenemos una hora menos, sino muchas otras cosas menos. Por ejemplo menos orgullo que en Andalucía,  donde el PSOE e IU nombraron alcaldesa perpetua de Hornachuelos a la virgen de la Vela. O menos que en La Línea, en Cádiz, donde nombraron a la Virgen de la Concepción. Y en tantos y tantos lugares de España -tantos que la relación no cabría en estas líneas- en donde partidos de izquierda o de derecha han reconocido el símbolo que veneran muchísimos ciudadanos. Lo que allí sí, aquí no. La historia de nuestra vida en las islas.

Aquí somos como somos. Y hay que saber llevarlo. No existe decisión que no esté sujeta a la controversia y a la crítica. Pero el precio de evitar ese tipo de situaciones es no hacer nada y no es el caso. Tomar decisiones implica asumir un riesgo que se vuelve cada vez más creciente en una sociedad que se ha vuelto un poco “marianista”, en el sentido de que lo que parece siempre mejor es no hacer nada.

Esta semana, por ejemplo, a la portavoz de Podemos en el Congreso le ha llovido una buena crítica por utilizar, indebidamente, la palabra “portavoza”, que no existe. Irene Montero no sólo no se desdijo de haber utilizado esa palabra, sino que afirmó que se trataba de un esfuerzo consciente por hacer visible la situación de la mujer en nuestra sociedad. Yo no estoy de acuerdo en que para hacer eso se le tenga que pegar una patada al diccionario, pero sí creo que Montero pone el dedo en la llaga. Y está muy bien.

Es inconcebible que en nuestra sociedad las mujeres tengan diferentes salarios que los hombres a pesar de desempeñar los mismos trabajos

Es inconcebible que en nuestra sociedad las mujeres tengan diferentes salarios que los hombres a pesar de desempeñar los mismos trabajos. Y los datos no mienten: es así. Esa situación coexiste con otra realidad; que las mujeres aún no están, en la medida de lo deseable, en situaciones de dirigencia en las empresas y estamentos privados. Y es un deber de las administraciones públicas hacer todo lo posible por cambiar la situación.

En el Cabildo de Tenerife, el papel de protagonismo de las mujeres en la administración es fundamental. Y es un mérito que les corresponde a ellas, que acceden a una formación profesional de excelencia, que ocupan puestos de responsabilidad y que lo desempeñan con eficacia. A pesar de que la política está de común muy desprestigiada en nuestro país, han sido los partidos políticos los primeros que han dado ejemplo poniendo mujeres en sus listas, practicando la paridad en sus nombramientos y elevando el papel de la mujer en la vida pública. No todos igual, no todos con la misma intensidad, pero todos al fin y al cabo siguiendo la estela de un cambio irreversible de la sociedad hacia criterios de igualdad.

Nuestra sociedad no es igual a la de nuestros abuelos, afortunadamente. Pero no sólo es distinta por internet. La gran revolución de nuestros días no es tecnológica, sino moral. Las mujeres se han incorporado a la cultura, a la economía, a la política, a la sociedad, en términos de igualdad con los hombres. Han surgido de la historia accediendo a la plenitud de derechos que les corresponde y que les fue robada durante siglos por una sociedad incompleta, que no contaba con la mitad de sus miembros. Y como todo cambio revolucionario, ha producido enormes convulsiones. Se ha duplicado el número de trabajadores disponibles, han cambiado los roles sociales y familiares y en términos generales el mundo occidental se ha transformado de una forma asombrosa.

Todo eso es el resultado del esfuerzo de las mujeres. De cada una de las mujeres. De las que estudiaron una carrera universitaria, de las que se lanzaron al mercado de trabajo, de las que rompieron con la inercia de un papel secundario y subordinado. Pero también es un logro de unas administraciones públicas que en un momento dado decidieron proteger y favorecer esa revolución necesaria con medidas que acelerasen ese proceso de convergencia hacia la igualdad.

Me parece admirable que haya mujeres que tensen la cuerda de forma inconformista

No creo que cambiando el lenguaje se cambie el mundo. Creo que es justo al revés. Pero me parece admirable que haya mujeres que tensen la cuerda de forma inconformista para que de vez en cuando reflexionemos sobre lo mucho que se ha caminado y sobre todo sobre lo mucho que debemos andar. Los portavoces o las “portavozas” no son los que transforman la realidad, sino las millones de mujeres anónimas que están transformando su vida y la de todos para mejor. Pero haríamos bien en las administraciones públicas en empezar a defender algo esencial: a igual trabajo, igual salario. Y quienes no estén de acuerdo con esa verdad elemental, se quedarán atrás, anclados en un mundo que ya no es el nuestro ni será el de nuestros hijos.

Un mundo nuevo que ya está entre nosotros y que afortunadamente es imparable. Me gusta ese mundo. Y me gusta la gente que de forma valiente toma decisiones para hacer que las cosas sucedan, aunque sea en ocasiones de forma polémica. Yo no veré el final de ese camino pero la Virgen de Candelaria,  que será presidenta de honor y perpetua del Cabildo de Tenerife, sí que lo verá. Y tal vez comparta el cargo con una mujer que trabaje y luche por Tenerife como hacemos hoy los hombres y mujeres del Cabildo.