Hay una energía positiva y otra destructora. Y es así en función de las decisiones que toman los seres humanos. Con las manos y las piedras se pueden levantar los muros de los canteros o tirárselas al prójimo como hemos visto en recientes actos de vandalismo deportivo que han terminado en tragedia. Las centrales nucleares suministran energía a millones de ciudadanos en el mundo y no son para nada parecidas a las bombas atómicas desarrolladas por los ejércitos.

Un salto de agua es una fuente de energía. Si colocas el equipo adecuado puedes obtener energía eléctrica e incluso desalar agua de mar. Pero si te pones debajo probablemente termines seriamente lesionado por la fuerza de la naturaleza.

El reto de Tenerife, como el de toda Canarias es ofrecer un suministro de energía fiable, seguro y eficiente a todos los ciudadanos, a los hogares y a las empresas. Y para hacerlo debemos realizar un tránsito entre los actuales sistemas de producción y el nuevo mundo de las energías renovables que se obtienen de recursos naturales inagotables, que eliminan nuestra dependencia energética del exterior con menores costes de producción

Ese tránsito no puede ser apresurado ni acelerado. Tenemos demasiadas papas al fuego para cambiar la cocina a media comida. La producción de energía eléctrica en Granadilla y Caletillas se realiza en la actualidad quemando fueles. Y ese volumen de producción no se puede sustituir de la noche a la mañana por renovables: existen problemas de almacenamiento y de mantenimiento del sistema y de respuesta a las demandas pico de los consumidores.

Tenerife ha optado por el gas natural como combustible alternativo al fuel. Porque a pesar de la furibunda campaña que se ha desatado contra el gas, su uso en nuestra isla producirá una menor contaminación ambiental. Desde luego, muchísimo menor que la del fuel. Y además, hemos optado por el gas porque consideramos estratégico que el puerto de Granadilla y de Santa Cruz de Tenerife cuenten con un abastecimiento asegurado de combustible con el que suministrar a los miles de barcos que operan con puertos de la Unión Europea y que a partir del año 2025 tendrán obligatoriamente que utilizar el gas como fuerza propulsora. Esto es así por mucho que algunos intenten retorcer la realidad.

“El futuro de Canarias siguen siendo las energías renovables”

¿Es el gas nuestro futuro? Personalmente creo que no. Creo que el futuro de Canarias siguen siendo las energías renovables que tendrán que crecer gradualmente en su importancia en el mix energético a lo largo de las próximas décadas. Y creo que si no se siguen cometiendo errores garrafales en sistemas de almacenamiento por agua, en carísimas centrales reversibles de dudoso resultado, podemos crear sistemas adecuados para almacenar la energía eólica o solar cuando no haya sol ni viento.

En el Cabildo de Tenerife hemos culminado la fase previa  de exploración de la energía geotérmica —el calor de nuestra vecina la lava— y estamos ya en plena fase de sondeos subterráneos para detectar posibles yacimientos aprovechables. Y estamos haciéndonos oír, allí en donde podemos, para que se elimine el canon de producción en la energía fotovoltáica para que los consumidores canarios puedan producir lo que necesitan en su hogar y verter su excedente a la red. Y creemos que las administraciones deben impulsar los estímulos fiscales para el uso del coche eléctrico y comenzar el despliegue de puntos de abastecimiento.

Todo el mundo coincide en que debemos transitar hacia nuevas energías. Algunos proponen que hagamos el viaje a través de un agujero negro, ese lugar cuyo horizonte de sucesos de augura un final trágico, porque son viajeros de un universo alternativo donde todo se quiere hacer desde el autoritarsimo puro y duro. Otros creemos en hacer un viaje sensato y firme, sin prisa y sin pausa, hacia la erradicación de los combustibles fósiles. Pero sin atajos peligrosos y, sobre todo, sin imponerle a nadie nada. Esta isla ha apostado por una estrategia que estamos razonablemente seguros de que funcionará. Y ahora sólo falta que nos dejen trabajar en paz.

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