Existe una diferencia importante entre los derechos y los privilegios. Los primeros son algo inherente a la condición de ciudadano, algo permanente y que se extiende en el tiempo con independencia de cualquier circunstancia. Lo segundo es una ventaja otorgada arbitrariamente en función de una coyuntura.

Cuando hablamos de los derechos de los ciudadanos canarios, nos referimos a medidas que en estricta justicia sirven para igualarlos a los del resto de los españoles. O lo que es lo mismo, hablamos de un conjunto de normas y medidas que compensan la lejanía y la insularidad de los dos millones de personas que residen en Canarias y que no deben estar a expensas de la gracia del gobierno de turno, sino que deben obligar a todos los gobernantes peninsulares. Porque lo que es un derecho de unos se convierte inexcusablemente en una obligación de otros.

Los canarios llevamos años luchando para que las circunstancias especiales que se dan en estas islas se conviertan en derechos. Es decir, en obligaciones para quienes nos gobiernan. Hablo de nuestros impuestos propios, de nuestra fiscalidad atenuada, de las políticas de ayuda al transporte de viajeros o mercancías o de las inversiones en carreteras u obras hidráulicas. La experiencia reciente nos ha demostrado que cuando todas estas medidas quedan al albur de quienes gobiernan en Madrid, pueden sufrir recortes salvajes o desaparecer. De ahí que las Islas quieran elevar a su máximo nivel jurídico las obligaciones que se derivan de nuestro carácter ultraperiférico. Lo hemos logrado con Europa, donde se recogen las especificidades de Canarias en sus tratados de funcionamiento. Y queremos conseguirlo con el Estado español.

En eso consiste básicamente el nacionalismo canario. En que nos traten diferente para ser iguales. Otros territorios quieren tratamientos específicos para ser mejores, para tener ventaja en el juego, para tener privilegios o para ser independientes. Lo que defendemos en Coalición Canaria es más simple y también más justo. Queremos un tratamiento diferenciado para ser iguales. Oiga, y mira que cuesta que lo entiendan en el gobierno peninsular y peor aún en algunos representantes políticos de las islas de partidos estatales. Desgraciadamente creo que al final la razón para ellos está en los votos, tanta razón tienes si tantos votos tienes.

Y de todo eso estamos hablando ahora. Estos días estamos debatiendo sobre la subida de la subvención al transporte de viajeros al 75 % del precio de los billetes. Es algo en lo que parece que está todo el mundo de acuerdo, porque es de justicia. Un ciudadano español de Cádiz puede optar, para desplazarse por la Península, por cualquier sistema de transporte público o privado. España ha invertido, incluso en los peores años de la crisis económica, en redes ferroviarias de alta velocidad y en la red de autopistas y autovías a la que este año destinará un plan extraordinario de inversiones de cinco mil millones. Parece de justicia que los canarios deben ser puestos a coste cero en las mismas condiciones que se encuentran los ciudadanos españoles peninsulares que más lejos viven en el territorio peninsular. Deme usted un trato particular para ser igual. Nacionalismo canario en estado puro.

Pero este hecho, este derecho, no es tan sencillo de conseguir. Parece que está sujeto a mercadeo. El PP sostiene que para que sea aprobada la subvención deben ser aprobados los Presupuestos Generales del Estado. Y se pone una cosa como condición previa de la otra. Soy de los que creen que estos PGE son buenos para Canarias y que deberían ser aprobados con el voto de todos los diputados de las Islas. Porque es un contrasentido ser el representante de los ciudadanos de un territorio y votar en contra de unas cuentas públicas que son objetivamente buenas para ellas. Poner la ideología por delante de los derechos de los canarios. Pero aún sin presupuestos, los canarios deberían tener un derecho que no les puede ser hurtado. Nacionalismo canario en estado puro.

“Los derechos de los canarios, sin son tales derechos, no pueden estar sujetos a las veleidades de la política de cada momento”

Los votantes canarios deben plantearse si tiene algún sentido elegir representantes políticos que cuando están en las Cortes votan en función de los intereses legítimos de un partido político, en vez de en función de sus representados. Las actas de diputados en este país son personales, como hemos visto en multitud de ocasiones. Pertenecen al elegido, no al partido que les llevó en las listas. Y pienso que la obligación de cualquier electo, por encima de su militancia ideológica, está con las personas que confiaron en él. Pero, en todo caso, los derechos de los canarios, sin son tales derechos, no pueden estar sujetos a las veleidades de la política de cada momento. Subvencionar el transporte aéreo de los viajeros de Canarias es un acto de justicia que nos iguala al resto de los conciudadanos del Estado. No se trata de un privilegio, ni de una medida graciosa de los gobernantes de turno. Nacionalismo canario en estado puro.

Hasta hoy, las subvenciones al transporte han servido para dos cosas. Por una parte han permitido abaratar considerablemente los viajes a Península. Por otra han engordado las cuentas de resultados de las compañías aéreas. Sería deseable que el sistema que se fijara acabara trasladando el esfuerzo público exclusivamente al bolsillo de los ciudadanos de Canarias. Porque si se sigue permitiendo el incremento de tarifas, Canarias estará cada vez más lejos de la Península. No nos deberíamos olvidar que para los no residentes canarios que vienen a las islas, el costo del transporte supone un gasto prohibitivo y que establecer un sistema que integre a las Islas en su propio país debe contemplar la regulación del transporte en ambas direcciones.

Y eso me trae a otro debate que estamos promoviendo estos días. Ahora que las cosas están mejorando estos días he propuesto que el crecimiento se reparta entre todos. No tendría sentido que si el Estado hace un esfuerzo para reconocer un derecho, las compañías abusaran de ese derecho y se llevarán una parte mas importante de lo que les corresponde. Las grandes compañías aéreas deberían estar a la altura de su nombre y del vuelo de sus aviones y mantener la competencia y los precios bajos, sin que el reconocimiento del derecho de los canarios se convirtiera en un abuso de las compañías de transporte. Eso también es nacionalismo canario en estado puro.

Estamos en plena batalla para conseguir algo importante para los canarios y para el Archipiélago. Pero no nos olvidemos que estamos luchando por un derecho, no por un privilegio. Nadie nos está dando nada que no nos merezcamos. Canarias es un territorio singular y especial del Estado español, con todas sus consecuencias. Para ser iguales, trátennos de manera diferenciada. Ya va siendo hora de que algunos, allí y aquí, lo acaben entendiendo. Nacionalismo canario en estado puro.