El pasado viernes hicimos algo grande en el Cabildo. Abrimos las puertas para que entrara una mujer con el alma tan grande como un continente. Una mujer que dio un paso adelante, que no se ha rendido nunca y que sigue sin rendirse a sus ochenta años. Tal vez haya gente en Tenerife que no la conozca. Si fuera así, me gustaría aprovechar estas líneas para presentársela.

África Fuentes parece una tinerfeña más. Una mujer con la mirada limpia y una sonrisa en los ojos que no oculta un carácter tan firme como una piedra. Parece una persona normal, pero no lo es, aunque ella lo niegue. Es mucho más que eso.

Hace muchos años, África Fuentes y su marido, decidieron que no iban a pasar por esta vida sin hacer nada para cambiar las cosas. Que no merecía la pena vivir sin hacer nada por tanta gente que lo necesita. Y se pusieron en marcha. Crearon el Comedor del Amor en el que atendían a las familias que más lo necesitaban. Manuel Perea, su esposo, tenía cáncer y pensaba que le quedaba muy poco tiempo para echar una mano. Pero se equivocaba. De vez en cuando hay fuerzas que actúan para que los buenos se queden un rato más. África Fuentes perdió a su marido, a su compañero de lucha, hace tan sólo unos pocos años después de batir este mundo para hacerlo mejor. Ella apretó los dientes y siguió adelante con una labor de la que dependen centenares de personas que acuden al local de la Asociación Sociocultural García Escamez, en donde reciben alimentos básicos.

África es el motor que ha puesto en marcha a un nutrido grupo de voluntarios que se encarga de recoger comida para el banco de alimentos. Voluntarios que hacen lo que ella empezó a hacer sola: ir de puerta en puerta, de tienda en tienda, pidiendo para los que no tienen. “Mi objetivo es que no me digan que no”, dice África Fuentes. Pero no se refiere a ella. Lo que quiere es que no le digan que no a las familias necesitadas que ella conoce, a los niños a los que les consigue juguetes, alimentos o artículos de primera necesidad.

¿Qué hace que una persona decida vivir su vida trabajando por los demás? ¿Qué tipo de heroísmo se necesita para ese sacrificio que aún con ochenta años sigue moviendo la voluntad de una persona? Lo dice África: “No le temo a nada, porque el miedo paraliza y no nos deja tomar decisiones”. Ella es la madrina sin miedo de los necesitados. La mujer que llamó a todas las puertas para obtener ayuda para los demás, que atendió a enfermos en los hospitales y que acogió a reclusos para enseñarles que en la vida existen segundas oportunidades y para que aprendieran el valor de trabajar para los demás.

La niña que se casó con apenas trece años y que empezó a trabajar en una peluquería se convirtió en un gigante de pelo blanco y ojos brillantes que el viernes miraban con curiosidad y emoción los muchos rostros que se reunieron en el Cabildo de Tenerife para rendirle homenaje. El rey Felipe VI decidió concederle hace tres años la Medalla al Mérito Civil como reconocimiento a una labor que desborda las fronteras de Canarias. Y en el Cabildo, institución que representa a todos los tinerfeños, tomamos la decisión de nombrarla Hija Ilustre de esta isla.

Alguien me contó que África había tomado la decisión de consagrar su vida a los demás el día en que vio una familia con una niña pequeñita revolviendo en un contenedor para buscar algo de comer. No sé si fue así o fue de otra manera, pero creo que las personas excepcionales como África Fuentes no nacen, sino que se hacen a sí mismas por la fuerza de su propia voluntad. Existe algo que está en su interior y que estalla en algún momento de su vida convirtiéndolos en un faro al que se dirigen las almas perdidas. La farola del mar que alumbraba el camino del auxilio a la gente de Cuesta Piedra, de García Escámez y de todo Tenerife. A los más necesitados de ayuda, que siempre han tenido la mano de África donde apoyarse.

Fue un honor conocer a esa tinerfeña de hierro. Esa mujer que tiene un cáncer desde hace algún tiempo al que tampoco tiene miedo porque lo ve como un amigo íntimo. Esa mujer a quien sus jóvenes voluntarios ven como una madre. Esa mujer que sabe lo que es pasar hambre y no está dispuesta a tolerar que le ocurra a los demás, si puede evitarlo.

Fue un honor conocerla y entregarle una distinción en nombre de todos ustedes, la gente de esta isla a la que ella ha ayudado tanto y durante tantos años. Ella hizo que las cosas sucedieran con la fuerza de su voluntad.