La política, en nuestra democracia, consiste en que unos ciudadanos eligen a otros para que administren sus impuestos y procuren el bienestar y el progreso. No es más. Ni menos. Pero como esos ciudadanos elegidos se organizan en partidos políticos, a veces se pierde de vista para qué nos presentamos a unas elecciones y quiénes son ante los que realmente debemos responder en última instancia.

Todo el mundo habla de “la necesidad” de reformar el sistema electoral de Canarias. ¿Cuál es esa necesidad?¿Quién la tiene? Yo no creo que los ciudadanos estén preocupados por el número de diputados que tiene su isla o la de enfrente. No es lo que percibo y escucho cuando hablo con la gente. Lo que escucho es que hay muchos jóvenes buscando su primer empleo, que hay parados de larga duración que están en una situación muy difícil, que los salarios no terminan de mejorar al mismo ritmo que la economía… Lo que escucho es a la gente que se preocupa por el día a día y por el futuro de sus familias. Y ante todo esto, la respuesta de los partidos políticos, el gran debate en el que estamos metidos, es aumentar el número de diputados y el gasto político. Me parece lamentable porque es un asunto que sólo interesa a algunos partidos políticos. Es curioso que entre los que defienden con mayor énfasis la reforma electoral están los llamados nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos: entraron en la cena política para transparentar la política y que fuera menos costosa, y proponen una reforma que aumenta el coste del Parlamento de Canarias, aumentando el coste del personal y haciendo necesario unas obras en el hemiciclo para albergar más escaños para más diputados.

La propuesta de reforma del sistema electoral que se ha planteado consiste, por lo que hasta ahora se sabe, en una lista de restos que se repartirán, previsiblemente, entre las dos grandes islas, Tenerife y Gran Canaria. Aumentar el número de diputados en diez escaños en el Parlamento de Canarias no aporta nada al buen gobierno de las islas, rompe el equilibrio de representatividad existente desde la constitución de la autonomía y se ha realizado de espaldas a las islas llamadas periféricas. Algunas de ellas ya han expresado su radical desacuerdo con una propuesta que rompe con la paridad de representantes que tienen las islas no capitalinas con respecto a las dos mayores. Una reforma que aumenta el gasto político y que aumenta la tensión entre islas.

Aumentar el número de escaños para solucionar una demanda puramente política es un grave error: no aporta nada a los ciudadanos, al contrario, aumenta el gasto de la política, envenena la convivencia en las islas y nos mete en una polémica innecesaria. Aventuro incluso que avivará el pleito entre Tenerife y Gran Canaria, al generar una mayor representación de Tenerife frente a la otra isla capitalina. Tenerife tiene más población que Gran Canaria y con el sistema de restos nuestra isla tendrá probablemente más diputados que Gran Canaria. Seguro que en pocos días veremos una cascada de declaraciones insularistas cuando NC y PP, cuyo peso en Gran Canaria es mucho mayor, se den cuenta de esta realidad. De nuevo es curioso que, entre los partidos que más han defendido esta reforma, se encuentran NC y PP. ¿La seguirán defendiendo ahora que saben que con esta reforma, Tenerife tendrá más diputados que Gran Canaria?

Durante muchos años, el sistema electoral canario ha funcionado razonablemente bien. Quienes dicen que es “antidemocrático” o injusto mienten o hablan desde la ignorancia. No hay sistemas electorales justos o injustos: el único sentido de “justicia” universalmente aplicable es que las reglas sean iguales para todos. Una gran reforma de esas reglas debería contar con el consenso de todos y debería servir para mejorar la manera en que trabajamos por los ciudadanos de Canarias. Lo que hoy se debate no cumple con ninguno de estos requisitos. Es una reforma nacida desde la política que sólo interesa a algunos de los que están en la política.

Artículos Relacionados